Autor: Byung-Chul Han
Traductor: Raúl Gabás
Año: 2012
Editorial: Herder
ISBN: ISBN978842
Puntaje: ★★★★★
El autor habla sobre la pérdida de privacidad a la que se enfrenta la sociedad hoy en día en busca de una sociedad más transparente. El libro per se no es sencillo de leer puesto que aborda algunas corrientes filosóficas como el perspectivismo y la alegoría de la caverna de Platón para explicar cómo funciona la mente humana al momento de entender y asimilar el mundo y lo que nos rodea. Además, a lo largo de los nueve capítulos, continúa referenciando a varios filósofos, entre ellos, Georg Hegel, Carl Schmitt, Georg Simmel, Giorgio Agamben, Jean-Paul Sartre, Friedrich Nietzsche y Martin Heidegger. Otra referencia notable es Papageno, personaje de ‘La Flauta Mágica’, ópera alemana; la importancia de la referencia reside en que dicho personaje representa la lucha entre los poderes de la luz y las tinieblas. El libro cuenta con nueve capítulos en los que se va desarrollando la idea de la pérdida de privacidad, a través de varios temas como la exposición, la evidencia, la pornografía, la aceleración, la intimidad, la información, la revelación, y, finalmente, el control. Llegando al final de la obra se encuentra el panóptico, un tipo de arquitectura carcelaria ideada por el filósofo Jeremy Bentham, que intenta explicar cuál es la estructura de las redes de inteligencia que se usan para mantener bajo control a un grupo de individuos o a una sociedad. Esta es, en mi opinión, la clave de la lectura, ya que es el punto que todos los capítulos abordan de una u otra manera. En cuanto a estructura, el libro tiene un lenguaje filosófico y rebuscado, durante la lectura encontré varias palabras que nunca había oído o leído, y de las cuales tuve que buscar su significado para tener una mejor comprensión de la lectura, algunas de estas son: hermenéutica, arcano, cultual, nimbo, anamorfosis, univocidad, deíctico, adiposis, mismidad, mímesis, diáfana, mendacidad, parangón, incólume, entre otras. Por lo tanto, tuve que encontrar metáforas para traducir a mi lenguaje sencillo y común, las ideas del autor.
En el primer capítulo se habla de que la sociedad actual es una sociedad positiva que evita la negatividad a toda costa, ya que ésta detiene la comunicación; somos una sociedad de ‘me gusta’ en Facebook y, prácticamente, en todas las redes sociales digitales. En el segundo capítulo se sigue desarrollando la idea de que la distancia es una negatividad que hay que eliminar pues constituye un obstáculo para la aceleración de los ciclos de la comunicación y del capital; mi primer metáfora para entender este tema son las redes sociales -ya sea Instagram, Twitter, Facebook o YouTube- debido a que estas plataformas nos permiten estar conectados con lo que pasa alrededor del mundo y con nuestros conocidos que tenemos lejos físicamente, además, la publicidad se ha trasladado a estos espacios. En el tercer capítulo se desarrolla el tema del proceso de seducción que se ha perdido y que ha sido reemplazado por procedimientos más directos; para entender este capítulo utilicé una metáfora muy obvia pero real, Tinder y Facebook Dating, servicios para encontrar pareja en formato de redes sociales; ya no se tiene que hacer el mínimo esfuerzo de conquista, sólo se ponen las características del usuario y de su pareja ideal y listo. En el cuarto capítulo, una vez abordado el tema de la exposición y la cercanía, se habla de la sociedad pornográfica; el tema es claro, y más aún porque lo vemos siempre en los contenidos mediáticos y digitales, hay una híper-sexualización y una exposición obscena. En el quinto capítulo, la sociedad de la aceleración, se explica cómo hemos acelerado los procesos culturales y sociales, y, a su vez, hemos perdido su narratividad y parte de su encanto; la metáfora que utilicé para este capítulo es Netflix, y, en general, todos los servicios de streaming debido a la alta demanda de contenido que ofrecen y a las posibilidades de ver una temporada en uno o dos días, cuando en televisión se tardaría varios meses en ver una serie de televisión. El sexto capítulo habla del narcisismo que ha ido creciendo en la sociedad; aunque sea repetitivo, todo va relacionado a la misma idea, así que entendí este capítulo con el ejemplo de las redes sociales, especialmente en donde puedes compartir historias o stories durante 24 horas porque se genera un vínculo más íntimo con tus seguidores y se genera un espacio donde puedes hablar y exponer más de ti mismo. Finalmente, los capítulos séptimo, octavo y noveno están sumamente relacionados en cuanto a la relación entre información y control; la mejor metáfora para entender estos capítulos fue Google, el buscador más conocido y usado en la actualidad.
A pesar del lenguaje filosófico del libro, es una propuesta interesante si se analiza poco a poco con metáforas y/o ejemplos. Personalmente estoy de acuerdo con muchas de las ideas del autor, principalmente porque cuando se aterrizan al mundo real y al contexto que vivimos actualmente, se tornan verdaderas. En el tercer capítulo, la sociedad porno, el autor cita al filósofo alemán, Georg Simmel: “estamos hechos de tal manera que no solo [...] necesitamos una determinada proporción de verdad y error como base de nuestra vida, sino también una cierta proporción de claridad y oscuridad en la imagen de nuestros elementos de vida”. Resulta que el misterio permite que no se pierda el encanto de las cosas y las personas, y gracias a las infinitas herramientas de las redes sociales hoy en día eso es casi imposible. Gracias a las historias de nuestros amigos en Facebook, Instagram y WhatsApp casi siempre sabemos qué están haciendo, dónde están y con quién están. Se acaba el misterio. Una de las razones para que esto suceda, de acuerdo con el autor, es que “el capitalismo agudiza el proceso pornográfico de la sociedad en cuanto lo expone todo como mercancía y lo entrega a la híper-visibilidad”. También estoy de acuerdo con esta afirmación porque vivimos en una sociedad capitalista, donde incluso las industrias culturales y artísticas lo que buscan es generar capital, es por eso por lo que Hollywood desarrolló el star-system o sistema de estrellas durante los años veinte y hasta los cincuentas. Necesitaban asegurar el éxito comercial de sus películas y por eso el camino más fácil era hacer famosos, importantes e influyentes a las estrellas de éstas; no en vano al autor menciona que “la sociedad porno es una sociedad del espectáculo”. La frase que se me quedó más grabada es la que aparece en este capítulo porque dice que “hoy, todas las imágenes mediáticas son más o menos pornográficas […] Son, a lo sumo, el objeto de un me gusta” porque considero que es verdad. Tenemos un amplio panorama de imágenes, información y campañas que no tienen impacto real en nuestra vida, pero le damos ‘me gusta’ con una intención indefinida.
Una de las ideas con las que más concuerdo con el autor es que “la sociedad de la transparencia elimina todos los rituales y ceremonias […] porque son un impedimento para la aceleración de los ciclos de la información, la comunicación y la producción”. No es ningún secreto que somos una sociedad que vive rápido, que quiere todo aquí y ahora, que ya ni siquiera espera una semana para ver su programa favorito. Vivimos en la época de triunfo para Netflix, Tinder, Amazon, Uber, entre otros. Literalmente cualquier cosa que queramos puede llegar a nosotros de manera rápida y sin complicaciones, al menos para los sectores de la sociedad que se pueden permitir las suscripciones a estos servicios. Estamos constantemente generando contenido, comunicándonos; nos hemos convertido en prosumidores (productores y consumidores de contenido) a través de las redes sociales y de los espacios que genera internet. Sin embargo, como el autor lo indica, no todos los procesos pueden ser acelerados. “Las procesiones representan escénicamente pasajes especiales de una narración […] La peregrinación es un suceso narrativo […] Estar en camino está cargado de significaciones como penitencia, curación o gratitud”, esta cita se refiere específicamente a una peregrinación de carácter religioso, pero se entiende que los procesos que están cargados de significado se toman su tiempo para desarrollarse. Por lo tanto, “la crisis de la época actual no es la aceleración, sino la dispersión y la disociación temporal”.
El capítulo de la sociedad íntima define perfectamente a los usuarios de internet y redes sociales. El autor escribe que “la cercanía digital presenta al participante tan solo aquellas secciones del mundo que le gustan. Así, desintegra la esfera pública, la conciencia pública, crítica, y privatiza el mundo” esta afirmación es similar, si no idéntica, a la descripción de cómo trabajan los algoritmos de Facebook, Instagram y Google. Recibimos información sobre temas, personas y lugares que nos interesan, y, a su vez, se sesga la información o las noticias de otros sectores importantes de la sociedad, que quizás sean de nuestro interés, pero no frecuentamos información relacionada. De acuerdo con la lectura, la sociedad de la intimidad, “es una sociedad de la confesión, del desnudamiento y de la pornográfica falta de distancia” y aunque no es la descripción más bonita de las redes sociales, es en lo que se han convertido pues prácticamente compartimos toda nuestra vida, nuestros pensamientos, incluso nuestras relaciones interpersonales en estas plataformas. Por lo tanto, “la sociedad íntima es habitada por narcisistas sujetos íntimos, a los que les falta por completo la capacidad de distancia”.
Los tres últimos capítulos, como mencionaba en la introducción, están muy relacionados y le van dando forma a todas las ideas generadas durante la lectura. Aquí es donde aparece mi primer ‘desacuerdo’ con el autor que expone que “la información es un fenómeno de la transparencia” sin embargo, considero que la información ha existido desde el principio de los tiempos, mucho antes de que existiera un concepto de las palabras. El hombre de las cavernas retenía y compartía información, por ejemplo, cómo manipular el fuego o cómo hacer una lanza para cazar mamuts. En este sentido, no se tenía que ser transparente para compartir dicha información. Entiendo que el autor se refiere a la información en masa, a la información en los tiempos de internet, a la información como herramienta de la tecnología, o viceversa. “El viento digital de la comunicación e información lo penetra todo y lo hace todo transparente […] Pero la red digital como medio de la transparencia no está sometida a ningún imperativo moral” esta afirmación concuerda con los temas que he visto en clase de Derecho de la Información sobre las lagunas legales y la necesidad de mejorar la regulación de las empresas de internet. El autor escribe de éstas que “Google y las redes sociales, que se presentan como espacios de la libertad, adoptan formas panópticas”, sugiriendo que nos encontramos en un nuevo panóptico, pero en esta ocasión no es una cárcel filosófica, sino una estructura digital en la que todos los usuarios de internet somos habitantes. “Contribuimos al panóptico digital, en la medida en que nos desnudamos y exponemos. El morador del panóptico digital es víctima y actor a la vez. Ahí está la dialéctica de la libertad, que se hace patente como control” esa es la definición de lo que somos como usuarios de internet y de sus redes sociales.
La importancia de esta lectura recae en la ‘apertura de ojos’ para quien la lee. Internet es la red más poderosa en la actualidad y es un espacio de exposición, evidencia, pornografía, aceleración, intimidad, información y revelación. Sin embargo, asombrados ante tanta maravilla, no nos damos cuenta de que también es una red de control, es el panóptico del siglo XXI, a través del cual no podemos darnos cuenta si estamos siendo vigilados o no. Nos hemos convertido en una sociedad vigilada y vigilante, constantemente en revisión de las redes sociales de nuestros conocidos e incluso desconocidos. La lectura no tiene que hacer que comencemos a cerrar todas nuestras redes sociales y comencemos a vivir como ermitaños, al contrario, con este nuevo nivel de conciencia tenemos que utilizar internet y sus redes sociales de manera más consciente e inteligente.



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