lunes, 4 de marzo de 2019

Reseña | ¡Hasta Siempre Cuervos!

Título: Club de Cuervos
Director: Gary Alazraki
Guionista: Gary Alazraki
Productora: Netflix
Protagonistas: Luis Gerardo Méndez, Mariana Treviño, Jesús Zavala
Temporadas: 4
Puntaje: 
Fui una de esas pocas personas que no siguió la fiebre Novo Toledana desde el comienzo. No vi la galardonada y admirada serie que enloqueció no sólo a mexicanos sino a latinoamericanos y gente de habla no-hispana. ¿Cuál era la locura? ¿Cuál era el encanto de una serie que hablaba de fútbol? Digo, no es que no me guste el fútbol pero tampoco soy fanática como muchos de los miembros de algunas de las porras más bravas del país. Me quedé con esa idea de que Club de Cuervos no era más que una serie de fútbol. ¡Qué equivocada estaba! Fue hasta ahora, con el estreno de la cuarta temporada, que mi novio me convenció de ver esta serie -o como la llamo ahora- esta obra de arte. 

Primero lo primero, Club de Cuervos no es una serie de un equipo de fútbol. Claro, todas las controversias, problemas, peripecias y hazañas surgen y se generan por la lucha de la presidencia de un club de fútbol; sin embargo, es la historia de un equipo de fútbol pero visto como una empresa familiar. La serie surge con una trama muy básica al estilo de cualquier película clasista y con muchos clichés: se muere el papá que es el dueño de los Cuervos y los herederos inexpertos y con aires de grandeza tienen que tomar las riendas de la empresa familiar. 

Entonces, si la serie está llena de clichés, ¿cuál es el éxito de los Cuervos? La respuesta se divide en dos, que a su vez convergen en una sola: la complejidad de las relaciones interpersonales entre los personajes y la personalidad de los personajes en sí. ¿Hubiese sido lo mismo de la serie sin la lealtad desinteresada de Hugo Sánchez? ¿O sin el carisma de Chava? ¿sin la historia de Rafael e Isabel? ¿Sin la personalidades excéntricas y los liderazgos de Aitor, Potro, Zombie, Pepenador, Cuau y Moisés? ¿Y sin la amistad de Hugo Sánchez y Carmelo? Y la más importante de todas: ¿qué hubiera sido de la serie sin la compleja, complicada, dolorosa y hermosa relación de Chava e Isabel? Lo que me encantó de la serie no sólo fue la historia y las crisis que sufrían los Cuervos cada temporada, sino la evolución de los personajes y sus relaciones interpersonales. Más que la historia de un equipo de fútbol fue la historia de una ciudad, de una familia, de un grupo de individuos que lograron superar sus diferencias y las heridas del pasado para cumplir sus sueños y convertirse en la mejor versión de sí mismos.
Admito que lloré con los últimos capítulos de la serie, especialmente con la retrospectiva que Isabel y Rafa hacen sobre su matrimonio de una década y con el último capítulo que expone todos los sentimientos a flor de piel. Yo lloro con Titanic, así que lloré como magdalena con el final de Club de Cuervos. La evolución que tienen los personajes, el corazón y la lealtad que ponen a su equipo, a su camiseta, las lecciones de vida en las que aprendieron a perdonar, a dejar ir, a hacerse responsables de sus acciones, a buscar el bien común en lugar del bien personal... Cuando lo ves con perspectiva, Club de Cuervos es una serie que exalta lo peor y lo mejor de los seres humanos, lo que hace que se sienta muy real. No hay héroes 100% buenos e inocentes ni tampoco villanos 100% malos y vengativos. Simplemente hay personas con altibajos; no todo es blanco o negro, hay una gran escala de grises en medio.A manera muy personal, el personaje de Isabel Iglesias es un personaje que me cambió la vida para siempre, con el cual me sentí identificada y reflejada por su relación con su medio-hermano, con Rafael y con ella misma. Isabel siempre fue muy insegura de sí misma; conforme se va profundizando en la serie se descubre que es un problema que se va generando desde el divorcio de sus padres hasta que llega a su vida adulta y su papá no la valora lo suficiente por ser mujer. Y su evolución es una de las que más disfruté a lo largo de la serie porque se tuvo que enfrentar al hecho de desencantarse de su papá y darse cuenta que era un hijo de puta, al hecho de que Chava no era culpable del divorcio de sus papás y que tenía cualidades que lo hacían un buen aliado y sobretodo un buen hermano, y el punto en el que alcanzó la madurez fue cuando dejó ir a Rafa. A mí no me traumó que Isabel y Rafa no terminaran juntos, al contrario. Su relación demostró que por más que ames a una persona no puedes aferrarte a ella si no tienen los mismos sueños, metas y objetivos en común. Y me encantó lo que Isabel le dijo al final: "Te amo pero no voy a pedirte que vuelvas a sacrificar tus sueños."

Entonces sí, después de una semana y media (casi dos) de un maratón de Club de Cuervos no me queda más que decir que es una serie MARAVILLOSA que se atreve a hablar -como nunca antes se había hablado- de lo podrido y corrupto que está el sistema político, televisivo y deportivo en México. Una serie que tuvo una campaña de marketing ¡espectacular! O sea, ¡los personajes tienen cuenta de Twitter! Club de Cuervos es una serie que cambió paradigmas y que marcó un antes y un después en el corazón de todos sus fanáticos (incluyéndome).

No hay comentarios:

Publicar un comentario